Lanzarote es una isla volcánica, y sus playas lo demuestran. Entre las famosas calas doradas hay tramos de arena negra azabache, acantilados de lava que caen al mar y los conos de ceniza de Timanfaya que se alzan en el interior. César Manrique, el artista que dio forma a la estética de la isla, mantuvo el desarrollo bajo y blanco, de modo que el paisaje sigue siendo el protagonista.
Papagayo: las calas doradas
Las playas de Papagayo, en el extremo sur de la isla más allá de Playa Blanca, son las que aparecen en las postales: una serie de calas doradas y protegidas de arena fina y agua clara y tranquila, situadas en un área natural protegida al final de un camino de tierra. Aquí no hay grandes hoteles, solo los acantilados, el mar y un par de sencillos chiringuitos. Traiga lo que necesite para el día.
Famara: surf y drama
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En la costa noroeste, más salvaje, Playa de Famara es una vasta playa de arena dorada que se extiende durante kilómetros bajo un acantilado vertical, con la isla de La Graciosa frente a la costa. El Atlántico rompe con fuerza aquí, lo que la convierte en un imán para el surf y el kitesurf en lugar de un lugar para un suave chapoteo, pero en cuanto a paisajes, es difícil de superar.
Arena negra y Playa Blanca
En el lado volcánico de la isla, la pequeña playa de El Golfo se encuentra junto a una laguna verde vívida rodeada de arena negra y acantilados rojos. Y la localidad costera de Playa Blanca cuenta con una serie de playas protegidas y familiares, así como un paseo marítimo, lo que la convierte en una base ideal para acceder a Papagayo.
Cómo llegar
El aeropuerto de Lanzarote (ACE) se sitúa entre la capital Arrecife y los complejos turísticos. Playa Blanca y las calas de Papagayo están a unos cuarenta minutos al sur. Un traslado privado le lleva directamente a su hotel o villa, para que pueda estar en la playa la misma tarde de su llegada. Reserve un traslado a Lanzarote o consulte nuestros traslados privados en Lanzarote.








